Problemas digestivos en verano

Acaba de comenzar una de las temporadas más esperadas por todos, pues ya sea que nos guste el calor o no, es aquí cuando disfrutamos de las vacaciones. Y si bien el verano es sinónimo de sol, vacaciones y diversión, también puede traer consigo algunos problemas digestivos. En el artículo de hoy trataremos de dilucidar las causas de estos trastornos y sugerir consejos de cómo mejorarlos y hasta prevenirlos.
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Acaba de comenzar una de las temporadas más esperadas por todos, pues ya sea que nos guste el calor o no, es aquí cuando disfrutamos de las vacaciones. Y si bien el verano es sinónimo de sol, vacaciones y diversión, también puede traer consigo algunos problemas digestivos. En el artículo de hoy trataremos de dilucidar las causas de estos trastornos y sugerir consejos de cómo mejorarlos y hasta prevenirlos.

¿Por qué empeoran los problemas digestivos en verano?

La temporada estival, para algunas personas, trae consigo un aumento en los problemas digestivos que van desde malestares estomacales hasta exacerbaciones de condiciones crónicas. Es por ello que los meses de verano pueden ser un desafío para el sistema digestivo. A continuación, listamos algunas de las causas más comunes que desencadenan los malestares:

1.     Cambios en la dieta y hábitos alimenticios

Uno de los factores más significativos que contribuyen a los problemas digestivos en verano es el cambio en la dieta. Durante esta temporada, es común que consumamos más alimentos frescos y crudos, como las frutas y las verduras y, aunque estos alimentos son generalmente saludables, su aumento en la dieta puede provocar problemas digestivos para quienes no están acostumbrados a ellos.
Por otro lado, los helados, las bebidas azucaradas y las comidas fritas, que suelen ser más consumidos durante el verano, pueden sobrecargar el sistema digestivo y provocar problemas como indigestión y diarrea, ya que los cambios bruscos en la dieta pueden alterar la flora intestinal, lo que puede desencadenar síntomas digestivos adversos.

2.     Intoxicación alimentaria

Con el calor del verano en su punto máximo, aumenta el riesgo de intoxicación alimentaria. El calor y la humedad pueden hacer que las bacterias normalmente presentes en algunos alimentos, muestren un crecimiento desmedido debido a condiciones favorables de reproducción y se multipliquen más rápidamente, provocando intoxicaciones alimentarias. Algunos de los alimentos más comunes que pueden causar intoxicación alimentaria incluyen a las carnes de aves de corral, la mayonesa, pescados y mariscos, los productos lácteos, los helados de nata y los huevos.

No está de más recordar que los síntomas de intoxicación alimentaria incluyen vómitos, diarrea y dolores estomacales. Para prevenir la intoxicación alimentaria, es fundamental mantener los alimentos refrigerados, siempre lavarse las manos antes de manipularlos y abstenerse de comer aquellos que hayan estado demasiado tiempo expuestos al sol o se haya discontinuado la cadena de frío.

3.     Aumento del consumo de alcohol

¿A quién no le apetece una cañita o un vermut con amigos en verano? Sí, el verano también suele ser una temporada en la que se incrementa el consumo de alcohol, debido a la mayor frecuencia de fiestas, reuniones y eventos sociales al aire libre que, a menudo, incluyen bebidas alcohólicas. El alcohol es conocido por su efecto irritante en el revestimiento del estómago y puede aumentar la producción de ácido gástrico, lo que puede llevar a problemas como gastritis y reflujo ácido. Además, para aquellos que no están habituados a su consumo, puede afectar negativamente la motilidad intestinal, causando tanto diarrea como estreñimiento.

4.     Deshidratación

El calor estival normalmente se asocia a una mayor pérdida de líquidos a través del sudor. Si no se compensa adecuadamente con una ingesta suficiente de líquidos, la deshidratación puede ser un problema serio. La deshidratación afecta negativamente al sistema digestivo, ralentizando la digestión y causando estreñimiento. Además, el cuerpo necesita agua para producir saliva y jugos gástricos que ayudan en la digestión. Sin una hidratación adecuada, el proceso digestivo se vuelve ineficiente y puede causar molestias. Recordad que en verano solemos perder mucha más agua, ya sea por sudor o por aumento de la respiración (pérdidas insensibles) y, a veces, no somos del todo conscientes porque el mecanismo de la sed no funciona correctamente o porque ignoramos las señales de nuestro organismo.

5. Cambios en la rutina y los horarios habituales:

El verano suele ser una época de cambios en la rutina diaria. Las vacaciones, los viajes y las actividades al aire libre pueden alterar los horarios regulares de las comidas y el sueño. Estos cambios pueden desestabilizar el ritmo circadiano del cuerpo, afectando el funcionamiento del sistema digestivo. Comer a horas inusuales o saltarse comidas puede provocar indigestión y otros problemas gastrointestinales.
También existen factores relacionados con los viajes que pueden afectar la regularidad intestinal, los que incluyen estar sentado durante largos períodos en el automóvil, viajar en avión (recordar los cambios de presiones experimentados en la cabina) y comer en restaurantes, lo que altera nuestros hábitos y horarios.

Otro hecho que deberemos considerar que el acto de viajar también puede ser estresante para algunas personas y las hormonas del estrés pueden afectar el microbioma intestinal y la regularidad intestinal.

6.     Aumento de actividades y ejercicio

Las actividades al aire libre son una parte importante del verano, pero también pueden contribuir a los problemas digestivos. El ejercicio físico intenso, especialmente en condiciones de calor extremo, puede desviar el flujo sanguíneo del sistema digestivo hacia los músculos, lo que puede ralentizar la digestión y causar malestar estomacal y hasta vómitos.  Un buen consejo es que, si hacemos ejercicio durante más de 45 minutos, esperemos un mínimo de una hora antes de comer para que la sangre desviada hacia los músculos tenga tiempo de regresar al estómago, donde es necesaria para ayudar a digerir los alimentos.

7.     Viajes y cambio de entorno

Los viajes son una de las cosas más esperadas durante el verano, pero también deberemos considerar que, en ciertos destinos, nos exponemos a diferentes tipos de alimentos, agua y condiciones sanitarias. El cambio de entorno puede ser un reto para el sistema digestivo, especialmente cuando se viaja a lugares con estándares higiénicos diferentes. La diarrea del viajero es un problema bastante común que afecta a muchas personas durante las vacaciones y es causada principalmente por la ingestión de agua o alimentos contaminados con bacterias, virus o parásitos.

8.     Estrés y ansiedad

Como lo indicábamos más arriba, aunque el verano es una temporada asociada con la relajación, también puede ser una fuente de estrés y ansiedad para algunas personas. La planificación de viajes, la preocupación por el arribo a los diferentes destinos, y hasta la presión por aprovechar al máximo la temporada pueden aumentar los niveles de estrés. Y como todos sabemos, el estrés es un conocido desencadenante de problemas digestivos, ya que puede afectar la microbiota, la motilidad intestinal debido al cambio de hábitos evacuatorios y hasta la producción de enzimas digestivas.

Cuando experimentamos estrés, nuestro cuerpo libera ciertas hormonas como cortisol, adrenalina y norepinefrina. Estas hormonas preparan al cuerpo para la respuesta de lucha o huida. Esta respuesta altera el proceso digestivo de varias maneras. En primer lugar, la digestión se ralentiza a medida que el cuerpo centra su energía en hacer frente a la falsa amenaza percibida. Esto puede provocar varios síntomas, como la hinchazón, aparición de gases y estreñimiento.

9.     Exacerbación de condiciones crónicas

Para aquellos que padecen de condiciones digestivas crónicas como el síndrome del intestino irritable, la enfermedad de Crohn o la colitis ulcerosa, el verano puede ser particularmente desafiante. El calor, la deshidratación, los cambios en la dieta y el estrés pueden exacerbar los síntomas de estas condiciones.

Cómo mitigar los problemas digestivos en verano

1.     Hidratación adecuada

Mantenerse bien hidratado es fundamental para prevenir problemas digestivos en verano. Las mejores líquidos para evitar la deshidratación están encabezados por el agua, los líquidos isotónicos y aquellos que provienen de la ingesta de las frutas enteras. Por otro lado, conviene evitar las bebidas alcohólicas, puesto que producen deshidratación. El alcohol desencadena la liberación de la hormona antidiurética, con lo cual se aumenta la frecuencia de micciones. Algo similar sucede con las bebidas muy azucaradas, debido a que se utiliza mayor cantidad de agua corporal para tratar de equiparar las osmolaridades.
Si vamos a beber agua, se recomienda beber según la sed que experimentemos, pero que no sea menos que el equivalente a ocho vasos al día y aumentar la ingesta si se realiza actividad física intensa o se estamos expuestos a altas temperaturas.

2.     Alimentación equilibrada

Optar por una dieta equilibrada y evitar los excesos es crucial. Consumir frutas y verduras de manera moderada y asegurar que estén bien lavadas. Limitar el consumo de alimentos fritos y azucarados, y moderar el consumo de alcohol.

La fibra es necesaria para equilibrar el tránsito intestinal, la obtenemos de frutas, verduras, legumbres y frutos secos. Así mismo, en caso de necesidad, siempre se puede recurrir a alternativas como Active Fibra Inteligente es un complemento alimenticio a base de plantas, mucílagos, fibras y minerales que contribuye al equilibrio electrolito, al bienestar gastrointestinal por su efecto prebiótico y contribuye al tránsito intestinal y a la digestión.

3.     Mantener una rutina

Intentar mantener horarios regulares para las comidas y el sueño, incluso durante las vacaciones. Esto puede ayudar a estabilizar el ritmo circadiano y mejorar la digestión.

4.     Probióticos

Muchos de los alimentos que normalmente no consumimos, pero a los que damos rienda suelta en las vacaciones de verano, pueden afectar la microbiota intestinal y desencadenar algunos problemas gastrointestinales no deseados. Algunas bebidas y alimentos son ricos en probióticos como la kombucha, el kéfir y el kimchi, los cuales mejorarán la digestión. Y si no tenemos acceso a ellos, siempre es recomendable llevar en nuestro bolso una buena marca de probióticos en forma de comprimidos. Active Flora es un complemento alimenticio con cepas bacterianas (Megaflora-9 EVO), fibras, Saccharomyces Boulardii y aloe vera que contribuye al equilibrio digestivo con prebióticos y probióticos.

5.     Precauciones al viajar

Al viajar, es importante tomar precauciones como beber agua embotellada segura, evitar el consumo de alimentos crudos o mal cocidos y lavar las manos con frecuencia para reducir el riesgo de infecciones gastrointestinales. Algunas de las recomendaciones son asegurarnos que el agua que ingerimos, sea de fuente confiable (aún la embotellada), evitar el uso de vasos cuya higiene sea visiblemente deficiente, y lo mismo aplica para el agua del hielo de las bebidas y la utilizada para lavarnos los dientes.

6.     Manejo del estrés

Practicar técnicas de manejo del estrés como la meditación, el yoga o la respiración profunda puede ayudar a reducir los síntomas digestivos relacionados con la ansiedad y el estrés. Planificar con bastante antelación los itinerarios, ayudará a aquellos a quienes les cuestan los cambios bruscos relacionados con los viajes.

7.     Consultar al médico

Si bien ésta parece una recomendación bastante obvia, aquellos pacientes con condiciones digestivas crónicas deben consultar a su médico antes de viajar o hacer cambios significativos en su dieta. El médico puede proporcionar consejos específicos y, si es necesario, ajustar el tratamiento para prevenir exacerbaciones.

Conclusión

El verano, con sus numerosos cambios en la dieta, el estilo de vida y las actividades diarias, puede ser un reto para el sistema digestivo. Sin embargo, con algunas precauciones y cuidados adecuados, es posible disfrutar de esta temporada sin sufrir de problemas digestivos. Mantenerse hidratado, seguir una dieta balanceada, mantener una rutina estable y tomar medidas preventivas al viajar pueden hacer una gran diferencia en la salud digestiva durante los meses de verano.

Afortunadamente los dolores de estómago, la diarrea, el estreñimiento y otros problemas digestivos suelen ser pasajeros, pero siempre es mejor evitarlos tomando las medidas necesarias. Active Flora con su equilibrio prebiótico y probiótico y Active Fibra Inteligente pueden ayudar a mantener el bienestar gastrointestinal y contribuir al tránsito intestinal y a la digestión.

Si habéis tomado todos los recaudos necesarios y aun así experimentáis problemas digestivos con frecuencia, siempre es una buena idea consultar con un profesional médico.

Para finalizar, tener en cuenta la consulta al médico si se detectan algunos de los siguientes signos o síntomas:

  • Diarrea mayor a tres días consecutivos
  • Fiebre alta (temperatura superior a 38°C)
  • Sangre en las heces
  • Vómitos prolongados que impiden retener líquidos (pueden provocar deshidratación)
  • Signos evidentes de deshidratación, que incluyen disminución de la micción, sequedad de boca (sensación de boca pastosa) y sensación de mareo al ponerse de pie.

Fuentes: datos proporcionados por la Dra. Gloria Sabater y el Dr. Hernán Sosa García.